ATM: cuando el diagnóstico marca la diferencia

Cada cierto tiempo recibo pacientes que llegan desesperados por un dolor que nadie ha conseguido explicarles con claridad. Algunos llevan años sufriendo síntomas intermitentes; otros acumulan férulas que no funcionaron, tratamientos que no necesitaban o recomendaciones contradictorias entre sí. La ATM (articulación temporomandibular) es, probablemente, una de las regiones más complejas de la anatomía humana. Pero, curiosamente, también es una de las menos comprendidas en la práctica odontológica general.

El problema comienza cuando reducimos la ATM a una simple “mordida” o a un desajuste puntual. A veces se habla de ella como si fuera un interruptor que puede “ajustarse” fácilmente, cuando en realidad es una estructura dinámica que interactúa con músculos, huesos, postura corporal, hábitos, estrés, historia clínica, patrones de movimiento y un largo listado de variables interconectadas. Cuando un sistema tan complejo se simplifica en exceso, los diagnósticos se sesgan y las soluciones fallan.

He visto muchos casos donde la primera reacción fue indicar una férula o recomendar ortodoncia sin entender la causa real del dolor. Otros donde se atribuyó todo a “estrés”, sin explorar la musculatura, la movilidad o los antecedentes del paciente. Y también casos donde se aplicaron tratamientos invasivos que luego fueron imposibles de revertir. Lo más sorprendente es que, en muchos de estos pacientes, la clave estaba en una observación que nadie había hecho.

Un diagnóstico correcto de ATM no se consigue en cinco minutos. De hecho, es uno de los diagnósticos que más tiempo exige, porque no se basa solo en pruebas sino en una lectura integral de la persona. La ATM no es una articulación aislada: es parte de un sistema funcional complejo que explica cómo masticamos, cómo respiramos, cómo dormimos y cómo respondemos al estrés.

Para entenderla, hay que investigar con paciencia.

Cuando examino a un paciente con dolor mandibular, me tomo el tiempo de explorar su historia con detalle: cuándo comenzó el dolor, cómo se siente, si aparece al despertarse o al final del día, si hay cefaleas, ruidos articulares, tensión muscular, limitaciones al abrir la boca o cambios en la postura. Muchas veces, la explicación no surge de una prueba concreta, sino del conjunto de señales que el cuerpo envía.

La exploración manual es fundamental. La palpación muscular, los movimientos mandibulares, la relación entre la lengua y el paladar, los patrones respiratorios… Ninguno de estos elementos puede evaluarse con prisa; y, además, son esenciales para llegar a una conclusión clínica fiable.

Hoy tenemos la posibilidad de hacer muchas pruebas diagnósticas de imágen (CBCT, RMN) que son esenciales para poder visualizar procesos degenerativos a nivel de ATM y saber el punto de partida en cada tratamiento. No es lo mismo tratar un paciente con problemas musculares que a uno con problemas articulares y lo más importante es saber y poder diferenciarlos.

Cuando el diagnóstico se hace con calma, la mayoría de tratamientos se vuelven más sencillos, menos invasivos y más efectivos. Muchas personas no necesitan férulas, sino cambios de hábitos. Otras necesitan entender qué desencadena su dolor para aprender a controlarlo. Otras requieren fisioterapia especializada o  kinetoterapia. Y algunas, las menos, sí necesitarán un tratamiento combinado o rehabilitador. Pero la diferencia está en saber exactamente qué necesita cada caso.

Lo más bonito de este proceso es ver cómo el paciente recupera la esperanza cuando alguien por fin se detiene a mirar su caso en profundidad. El simple hecho de sentirse escuchado ya produce alivio. El diagnóstico se convierte, entonces, en un acto de acompañamiento y claridad, no en una sentencia.

Creo que la odontología tiene la oportunidad de replantear el abordaje de la ATM desde un punto de vista más humano, más integrador y más riguroso. Diagnosticar bien no es solo identificar un problema, sino comprender una historia. Y para comprender, hay que ir despacio.

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Por qué la odontología necesita ir más despacio